sábado, 28 de marzo de 2009

Vinos suizos- Introducción


Más allá del queso, el chocolate y los relojes, las cimas de las montañas helvéticas esconden una sorpresa inesperada: campos de viñedos.
No es algo nuevo. Desde la época romana, el cantón de Ginebra está cubierto de viñas. Avanzando poco a poco por las orillas de los lagos, estos cultivos conquistan Neuchatel, Bienne y Zürich y realzan con sus pámpanos los valles de Ródano y del Rin. En la Edad Media, los monjes benedictinos y cistercienses decidieron hacer uso de este legado y, hacia 1850, la extensión de las viñas suizas sumaba 33.000 hectáreas. Pero, como el resto de Europa, el país alpino se vio también afectado por al filoxera. La competencia de los vinos franceses por el oeste y los alemanes -especialmente los alsacianos- por el norte remataron el desastre. Como consecuencia, las tierras dedicadas hoy a la viticultura apenas llegan a las 15.000 hetáreas. En un m arco legislativo inspirado por las denominaciones de origen, los agricultores han pasado de una lógica productiva a una búsqueda de la calidad, adoptando métodos de cultivo y crianza cada vez más naturales. Los vinos suizos, hasta el momento vendidos fundamentalmente en el mercado nacional -la exportación no representa más que un 1% de la producción- , comienzan ahora a ser conocidos en Europa. Pero, ojo, la oferta no sólo la forma el "fendant" (vino blanco salido de la uva alvilla), hasta ahora única propuesta de los restaurantes de Zermatt o de Verbier. Aficcionados y curiosos se interesan cada vez más por una producción marca por la extrema diversidad de la región, de sus cepas y su trayectoria enológica. La Suiza vinícola no es un valor emergente, es un mosaico tan delicado como preciado.

**Las bodegas Monvínic (Diputació 249, Barcelona) y Lavinia (José Ortega y Gasset 16, Madrid), entre otras, tienen una amplia selección de vinos suizos.

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